Después agarramos un taxi-rural (la caja de una camioneta) y el barco grande, y viajamos desde las seis de la tarde hasta la una de la madrugada tumbaditos en nuestras hamacas hasta San Miguelito.

Bien rico nos dormimos, aunque pasamos un poco de friíto.
Estábamos a salvo de zancudos. No pueden viajar en barco porque el vientazo les impide volar, jej!
1 comentario:
Lo que os tuvísteis que reir en el camino, ahí metiditos como gusiluz en las hamacas...je,je, pero ¿no os acribillaron los mosquitos?.
Un besazo.
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